¡Cruzar por allí no es para cualquiera! El Pasaje de Drake, un océano de aproximadamente 600 millas (965 kilómetros) de ancho, desafía incluso a los navegantes más experimentados. Esta masa de agua, que conecta Sudamérica con la península Antártica, ofrece uno de los trayectos más inhóspitos y desafiantes del planeta.
Atravesar estas aguas, que albergan algunas de las tormentas más fuertes del mundo, requiere una combinación de habilidad, preparación y resistencia. Conoce todos los motivos por los que este tramo es uno de los más temidos por todos aquellos que se embarcan en su dirección.
Los factores que hacen al Pasaje de Drake un desafío único
Lo que convierte al Pasaje de Drake en un reto sin igual es la ausencia de tierra que amortigüe los vientos. Estos soplan libremente y acumulan fuerza que llega a alcanzar velocidades extremas, lo que genera olas gigantescas que llegan a alcanzar hasta 15 metros de altura.
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Además, existe el denominado “efecto embudo”, provocado por la compresión del agua entre la Antártida y Sudamérica e intensifica las tormentas. Estas condiciones extremas, combinadas con un flujo oceánico masivo que mueve hasta 1,500 millones de metros cúbicos por segundo, hacen que cruzar el Drake sea un logro monumental para cualquier marinero.
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Sin embargo, la superficie no es el único lugar turbulento. Bajo las aguas, las llamadas “olas internas” generan vórtices que afectan al clima global. Esto lo hace un lugar aún más interesante para los oceanógrafos.
Entre el temor y la fascinación por el Pasaje de Drake
Antes de atravesar este pasaje, los capitanes deben planificar meticulosamente cada travesía con el fin de minimizar los riesgos al zarpar. Esta preparación es sumamente fundamental para evitar todo tipo de accidentes.
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A pesar de los avances tecnológicos de los últimos años, navegar por el Drake es todavía una verdadera prueba de fuego. Para algunos es una experiencia aterradora, mientras que para otros es una oportunidad única de conectarse con uno de los entornos más extremos del planeta.