Un decreto inesperado emitido por el gobierno italiano el pasado 28 de marzo de 2024 ha modificado drásticamente las reglas para obtener la ciudadanía por descendencia (ius sanguinis), poniendo fin a la posibilidad de reclamarla a través de bisabuelos o tatarabuelos.
Hasta ahora, tener un antepasado italiano que viviera después del 17 de marzo de 1861 era suficiente, un factor que convertía al pasaporte italiano, el tercero más poderoso del mundo según el Henley Passport Index.
Nuevas barreras: Linaje, idioma y residencia previa
La nueva normativa, de efecto inmediato, establece condiciones mucho más estrictas. Ahora, los solicitantes deben tener al menos un progenitor o un abuelo nacido en Italia para iniciar el proceso por línea de sangre. Se elimina así la vía para aquellos cuya conexión italiana se remonta a generaciones anteriores.
Además, se introduce un requisito que antes solo se aplicaba a la naturalización por residencia o matrimonio: demostrar dominio del idioma italiano.
Esto implica superar un examen estatal oficial de cinco partes o una prueba equivalente de nivel B1, un obstáculo significativo para muchos descendientes que no han mantenido un vínculo lingüístico activo con el país.
Si bien no se exige residir actualmente en Italia, sí se requiere haber vivido previamente en el país durante al menos tres años para ser elegible.
Justificación oficial
El Ministro de Asuntos Exteriores de Italia, Antonio Tajani, defendió la medida argumentando la necesidad de frenar “abusos” y asegurar que la ciudadanía italiana sea un “asunto serio”.
Tajani señaló que muchos solicitantes obtienen el pasaporte como una “novedad” o para facilitar viajes, sin tener “ningún vínculo cultural o lingüístico con el país”.
Con la riforma della cittadinanza approvata oggi in CdM, diamo nuovo valore all’essere italiani.
— Forza Italia (@forza_italia) March 28, 2025
Una misura che avevamo promesso e che mette fine a anni di compravendita illecita. La cittadinanza italiana non è una merce, è una cosa seria.
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Subrayó el notable aumento de ciudadanos italianos en el extranjero (un 40% entre 2014 y 2024, alcanzando los 6.4 millones, principalmente en Argentina y Brasil) y el incremento de solicitudes consulares (30 mil en Argentina y 20 mil en Brasil solo en 2024), enfatizando que la mayoría no paga impuestos ni vota en Italia.
Sin embargo, la medida ha causado consternación. Samantha Wilson, CEO de Smart Move Italy, empresa que asesora en estos trámites, calificó el decreto como “constitucionalmente débil” y anticipó posibles impugnaciones legales.
Relató casos de clientes que cancelaron planes de mudanza o se arrepienten de compras inmobiliarias ante la nueva incertidumbre. “El Decreto Tajani ha generado temor, confusión y, para algunos, una sensación de pérdida”, declaró Wilson a nuestro canal aliado CNN.
Italia restringe el acceso a la ciudadanía a través de bisabuelos https://t.co/C8MEkGAVKJ
— CNN en Español (@CNNEE) April 1, 2025
El futuro del proceso y un final incierto
Aunque las 60 mil solicitudes actualmente en trámite no se verán afectadas por el cambio de requisitos de elegibilidad, el procedimiento sí cambiará: los consulados dejarán de procesarlas y todo se centralizará en línea a través del gobierno en Italia, requiriendo una entrevista presencial, según el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Il 28 marzo 2025, il Consiglio dei Ministri ha approvato una riforma importante riguardante la cittadinanza italiana tramite ius sanguinis, il diritto di acquisire la cittadinanza italiana in base alla discendenza.https://t.co/upeGutseDV pic.twitter.com/77dpoakbmi
— ITALIANI NEWS (@Italiani_news) April 1, 2025
La ley también afecta a italianos nacidos fuera que deseen transmitir la ciudadanía a sus hijos, exigiéndoles ahora dos años de residencia previa en Italia.
El decreto será presentado al parlamento para su ratificación en los próximos 60 días, periodo en el cual podrían introducirse modificaciones. No obstante, por ahora, las puertas a la ciudadanía italiana a través de ancestros lejanos se han cerrado abruptamente, marcando el fin de una era para muchos descendientes que soñaban con reconectar formalmente con sus raíces italianas a través del ius sanguinis.