Viernes negro: el horror del Rancho Izaguirre y la revictimización de quienes buscan la verdad
Después de semanas, Madres Buscadoras y colectivos buscan que la verdad no sea manipulada por las autoridades. Así fue como descubrieron el Rancho Izaguirre.
Como lo dijo Javier Alatorre en Hechos Noche, este viernes 4 de abril fue negro, desde los efectos negativos de los impuestos de Trump hasta la violencia imparable en México. Y la jornada comenzó con una revelación estremecedora sobre el hallazgo del llamado “rancho del exterminio” en Teuchitlán, Jalisco.
¿Cómo encontraron el Rancho Izaguirre?
El pasado 5 de marzo, 40 integrantes del colectivo Guerreros Buscadores y el fotógrafo de la agencia France Press, Ulises Ruiz, ingresaron al Rancho Izaguirre tras recibir una denuncia anónima. Lo que encontraron superó cualquier expectativa: hornos clandestinos, restos óseos y evidencias de que en el sitio operaba un centro de adiestramiento del crimen organizado.
“No había resguardo policial, nadie custodiaba la entrada”, relató Ruiz. “Al entrar, descubrimos la magnitud del horror”.
El colectivo, encabezado por Indira Navarro, denunció que tras informar a las autoridades, estas minimizaron el descubrimiento y desviaron la atención hacia si el lugar debía o no llamarse “campo de exterminio”, en lugar de reconocer la tragedia y la evidencia.
“En México llevamos años sin lenguaje para el horror”, explicó la periodista Marcela Turati, al señalar que las familias han tenido que inventar términos para nombrar lo que viven.
Madres buscadoras quieren exponer la verdad
Las madres y padres buscadores siguen enfrentando no solo el dolor de la ausencia, sino también la revictimización. Fueron señalados de mentir y de haber montado una escena. Sin embargo, tienen fotografías, videos y testimonios que respaldan su versión.
“Eso no se puede manipular”, dijo Navarro. “Lejos de recibir apoyo, fuimos señalados”.
Pese al descrédito, los colectivos no se detienen. Siguen escarbando, siguen buscando, con la esperanza de devolverle a este país algo de su dignidad.
“Quizá no era un campo de exterminio como tal”, reflexionó Lupita, madre de un desaparecido, “pero sí un lugar lleno de dolor, donde quedaron muchas vidas y se perdieron muchos sueños”.