La grana cochinilla, el oro rojo prehispánico en peligro de extinción
Desde tiempos prehispánicos, la grana cochinilla dio color a innumerables prendas y objetos valiosos, pero hoy, este insecto está en peligro de extinción.
En el corazón de Oaxaca, entre nopales forrajeros y conocimientos ancestrales, pervive un tesoro que alguna vez tiñó los mantos de reyes, las capas de nobles y las pinceladas de grandes artistas: la grana cochinilla. Este diminuto insecto, que se alimenta del nopal, produce un pigmento rojo vibrante que ha sido utilizado desde tiempos prehispánicos.
El oro rojo, un secreto bien guardado
La doctora en Ciencias en Conservación de Recursos Naturales, Claudia Roxana Juárez López, explica que el ácido carmínico obtenido de la grana cochinilla es un colorante natural de gran valor.
“Se utilizaba para teñir las túnicas de los caciques, de los sacerdotes, para los códices y murales. Los pueblos originarios de Oaxaca conocían su importancia y solo ellos tenían la destreza para cultivarlo”, indicó la especialista.
El secreto de la grana cochinilla llegó a Europa en la época colonial, donde se convirtió en un bien codiciado. Catalina Yolanda López Márquez, guardiana de la grana cochinilla, señala que este colorante se utilizó en los trajes de la realeza, los papas y altos clérigos, además de las capas de ejércitos como el de Napoleón y el británico. Su uso también trascendió al arte, siendo empleado por maestros como Rembrandt, Renoir, Tintoretto, Tiziano y Van Gogh.
Salvemos a la grana cochinilla de la extinción
A pesar de su legado histórico, la grana cochinilla está en peligro de extinción. Su cultivo ha disminuido drásticamente, amenazando la continuidad de esta tradición ancestral. Hoy en día, su pigmento sigue dando color a cosméticos, textiles, alimentos y bebidas como el mezcal.
“Son bichitos maravillosos que no hacen daño y están regulados por la FDA para su uso en alimentos”, enfatiza López Márquez.
Ante esta amenaza, Catalina y Claudia se han convertido en guardianas de la grana cochinilla. Desde el Museo Nocheztlicalli, en Santa Lucía del Camino, Oaxaca, madre e hija han dedicado su vida a preservar este valioso insecto para que el mundo no olvide su importancia. “Es una tradición que no se debe perder”, concluye Juárez López.