De la toga al trending topic: Campaña al Poder Judicial se convierte en un circo

La elección de la vergüenza; aspirantes pasaron del análisis jurídico profundo a metáforas simplistas, como la comparación de un juez con un árbitro de futbol

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Política

Por: Felipe Vera

Con información de: Jaime Guerrero

En el marco de la inédita campaña para elegir ministros, magistrados y jueces del Poder Judicial, lo que debería ser un proceso serio y profesional se ha convertido en un auténtico espectáculo que poco tiene que ver con la solemnidad de la justicia.

Con más de dos mil aspirantes involucrados en esta contienda de dos meses, las estrategias empleadas por muchos candidatos han sorprendido, desconcertado e incluso provocado risas en el público... como si se tratara de un circo.

Y es que, lo que se suponía que sería una muestra de preparación técnica y ética se ha transformado en un desfile de ocurrencias, frases pegajosas y promesas grandilocuentes que recuerdan más a campañas políticas que a evaluaciones judiciales.

El circo de los aspirantes al Poder Judicial

Desde el inicio, los aspirantes no han escatimado en recursos para captar simpatías y votos. Algunos, como el autoproclamado “chicharrón listo para ser ministro”, han apostado por el humor y el lenguaje coloquial para destacar entre la multitud. Otros, como Dora “la Transformadora”, han creado campañas con nombres llamativos y lemas que buscan inspirar cambios, pero que resultan más cercanos a la mercadotecnia electoral que a la seriedad que exige un juzgador.

Las redes sociales, los videos promocionales y hasta las visitas a mercados se han convertido en los principales escenarios de esta disputa, donde los candidatos intentan conectar con los ciudadanos de formas que poco tienen que ver con el ejercicio de la justicia.

De la justicia a la distracción: La campaña judicial que perdió su rumbo

Los aspirantes han pasado del análisis jurídico profundo a metáforas simplistas, como la comparación de un juez con un árbitro de futbol, o a declaraciones cargadas de sentimentalismo, como las que aseguran conocer “lo que pesa y lo que duele salir desde abajo”.

En lugar de debates sobre reformas judiciales o propuestas para mejorar el acceso a la justicia, los votantes se encuentran con aspirantes que preguntan por las caricaturas favoritas de la infancia o que comparten volovanes con ciudadanos en un intento de humanizar su imagen.

No faltan tampoco las figuras animadas y las estrategias visuales diseñadas para parecer “joviales y actuales”, pero que terminan restando seriedad al proceso. Esta búsqueda de protagonismo ha llevado incluso a que algunos candidatos sorprendan más por sus dotes para las redes sociales que por sus argumentos legales.

La campaña judicial pone en jaque la credibilidad del sistema

Pero, ¿qué queda de la importancia de elegir a quienes tendrán en sus manos decisiones que impactarán la vida de millones de personas? En este escenario cargado de infantilismo, frases hechas y demagogia, la verdadera esencia del Poder Judicial parece haberse desdibujado.

Lejos de la solemnidad que caracteriza a un juez con toga, lo que se ve hoy es un espectáculo donde las promesas y las imposturas son la moneda corriente.

El riesgo de este proceso no solo radica en la pérdida de seriedad de las candidaturas, sino en los efectos que estas elecciones podrían tener en la percepción pública de la justicia.

La campaña al Poder Judicial, más cercana a un circo que a un ejercicio democrático riguroso, deja una gran pregunta en el aire: cuando terminen los 60 días de espectáculo, ¿quedará algo de la credibilidad?

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